Un decano de cano pelo recordaba cosas de cada década vivida.
De niño un día dijo: "Me defino de fino oído y declaro, de claro entendimiento, que entre las clases, por las de canto me decanto. Quiero ser un cantante de coro con decoro".
Su padre, que era un desastre de sastre, comenzó a deliberar antes de liberar su respuesta desde debajo de un sombrero de bajo precio. "Yo quiero que practiques un deporte de porte" contestó. "Pero antes de hacer debates de bates y pelotas, deberíamos de parar y ver qué te va a deparar el futuro".
El niño, que tenía más de dos dedos de frente, respondió: "Tranquilo, la escuela no degrado, de grado pasaré como siempre, y así mi educación no se deforma, de forma que todo irá bien"
Pero no tenía talento, y bajo gran cantidad de presión le dio depresión. Ya adolescente pensó: "O cambio de rumbo o me derrumbo". Le pidió a su madre aprender a tocar toda clase de liras. "Deliras" respondió la madre. "Igual que mis delirios de lirios en flor cuando tenía tu edad. No te hagas de rogar y empieza a derogar tus deseos. Es hora de tallar tu futuro y detallar tus estudios. ¿Quieres ser dentista?". "No" dijo el chico. "No quiero saber nada de muelas. No demuelas mi vida con eso".
Estudió entonces ciencias políticas en la universidad, donde nunca quiso ser parte del imitado estilo delimitado por otros. Si sus compañeros lo invitaban a ir de rumba "Eso me derrumba" era su respuesta.
Tras graduarse se sentía en una isla desierta de cierta soledad. Vivía una vida carente de sazón y la desazón se apoderó de él. Decidió entonces dejar de depender de otros y de pender de un hilo, fundó un partido y se lanzó para presidente.
Su discurso era: "Este país depuro, de puro corazón os lo digo. No pararé de mandar y voy a demandar mejoras para todos". Pero había otros hambrientos de cima, y por una décima perdió las elecciones.
Tras la derrota, de rota su alma dolía. Renunció, y delante del antes respetado retrato suyo, dijo a sus compañeros de partido tras todo lo departido: "Dejo de debatir y de batir desavenencias. Vuestra conciencia de lata os delata, y la mía de roca nadie derroca. Como antiguo delegado os dejo de legado flores en forma de ramo, pero lágrimas no derramo".
Ahora, jubilado y de mente nada demente, disfruta decenas de cenas solitarias, esperando su defunción.
O su fin de función, como dice él.
Enmo 6 - Lo último que tenías que decir
Las historias de Enmo no llevan una secuencia, pero es recomendable que las leas en orden. Puedes empezar por la primera, si quieres.
Escena 1:
Isabel está triste. A su lado está sentado Germán, su novio, sin conocer la causa de la tristeza y pensando qué decir para subir el ánimo de su chica.
Enmo está de pie en el respaldar del sofá, entre los dos, con las manos a la espalda.
Escena 2:
Germán dice: "¿Quieres ir al cine?"
Isabel responde, a punto de llorar: "¿Crees que tengo ganas de salir así?" y voltea la cara hacia el otro lado.
Enmo saca una lupa grande y la pone detrás de la cabeza de Isabel, justo donde Germán está mirando.
Escena 3:
Germán dice, distraído: "Oye, ¿esto es una can..." y es interrumpido por un grito de rabia de Isabel.
Escena 4:
Isabel está echando a patadas a Germán, mientras Enmo escribe el informe en su portátil.
< Enmo 5
Enmo 7 >
Escena 1:
Isabel está triste. A su lado está sentado Germán, su novio, sin conocer la causa de la tristeza y pensando qué decir para subir el ánimo de su chica.
Enmo está de pie en el respaldar del sofá, entre los dos, con las manos a la espalda.
Escena 2:
Germán dice: "¿Quieres ir al cine?"
Isabel responde, a punto de llorar: "¿Crees que tengo ganas de salir así?" y voltea la cara hacia el otro lado.
Enmo saca una lupa grande y la pone detrás de la cabeza de Isabel, justo donde Germán está mirando.
Escena 3:
Germán dice, distraído: "Oye, ¿esto es una can..." y es interrumpido por un grito de rabia de Isabel.
Escena 4:
Isabel está echando a patadas a Germán, mientras Enmo escribe el informe en su portátil.
< Enmo 5
Enmo 7 >
Diarios incendiarios
Me declaro fan de Estopa. Muchas de sus letras son divertidas, se ve que se la pasan realmente bien componiendo. Y juegan mucho con las palabras. Abajo pongo un extracto de Ke pasa!? del álbum Destrangis. Fíjate que respetando bastante la métrica y la rima juegan con el sonido de las palabras y mantienen un hilo (más o menos coherente, pero hilo al fin) en lo que cuentan.
Hay diarios incendiarios,
calendarios varios
pa' cada usuario,
hay notarios
que le traen mal fario
al rollo milenario.
¡Aquí Lobo Estopario
llamando a Super Mario!
Vente pa'l escenario
que se están cargando el barrio.
Como un supositorio
te llega mi espectro
de material etéreo,
yo te canto mi temario,
te lo canto en estéreo
y te resulta mas notorio,
lleno está el cementerio
de cerebros precarios.
Soy Perico Delgado
y tú eres mi gregario,
eres algo inventado
yo el doctor Bacterio,
siempre eres el multado
y yo el beneficiario,
tu mente es un poblado
y la mia un imperio.
¿¡Pero qué pasa!?
Puedes oir el tema completo aquí:
Por cierto, ¿pillaste lo del Lobo Estopario? :-)
Hay diarios incendiarios,
calendarios varios
pa' cada usuario,
hay notarios
que le traen mal fario
al rollo milenario.
¡Aquí Lobo Estopario
llamando a Super Mario!
Vente pa'l escenario
que se están cargando el barrio.
Como un supositorio
te llega mi espectro
de material etéreo,
yo te canto mi temario,
te lo canto en estéreo
y te resulta mas notorio,
lleno está el cementerio
de cerebros precarios.
Soy Perico Delgado
y tú eres mi gregario,
eres algo inventado
yo el doctor Bacterio,
siempre eres el multado
y yo el beneficiario,
tu mente es un poblado
y la mia un imperio.
¿¡Pero qué pasa!?
Puedes oir el tema completo aquí:
Por cierto, ¿pillaste lo del Lobo Estopario? :-)
Enmo 5 - De madrugada
Escena 1:
Graciela duerme. El reloj en la mesita de noche marca las 2:54 de la madrugada. Enmo está sentado al lado del reloj tecleando en su portátil, mientras Joaquín está sentado en la almohada de Graciela.
Joaquín pregunta: "¿Ya sabes a qué hora tienes el encargo?"
Enmo contesta: "Se colgó el ordenador. ¿Me puedes prestar el tuyo un momento para verlo?"
Escena 2:
Joaquín dice, mientras le da su portátil a Enmo: "No puedo negarme. Nuestro Código de Conducta exige que ayudemos a cualquiera que lo necesite. Incluso a los demonios."
Enmo coge el portátil, conecta una memoria USB y teclea por un rato. Luego dice: "Listo. Toca a las 2:58, dentro de dos minutos" y le devuelve el portátil a Joaquín.
Escena 3:
El reloj marca las 2:58 a.m. Enmo salta a la almohada de Graciela y susurra a su oído izquierdo: "Hay helado de turrón en la nevera". Graciela refunfuña en sueños.
Mientras tanto, Joaquín coloca su portátil cerca del oído derecho de Graciela y empieza a reproducir un fichero mp3 con una nana que le cantaba su madre a Graciela cuando era niña.
Escena 4:
Pero la música no suena. Joaquín se pone nervioso y sube el volumen del aparato. Ve que el archivo se está reproduciendo, pero no se escucha nada. Enmo insiste al oído de Graciela: "Tiene trocitos crocantes mezclados con el helado cremoso". Joaquín, desesperado, sube el volumen a tope, y de pronto empieza a retumbar por toda la habitación la música de los carros que venden helados.
Para cuando Joaquín quita el volumen otra vez, ya Graciela se ha despertado de un salto.
Escena 5:
Graciela está en la cocina comiendo helado directamente del bote. Enmo y Joaquín están sentados en la almohada, redactando sendos informes en sus portátiles. Joaquín dice: "Vaya jugarreta. Un día de estos me voy a saltar el Código."
Una voz retumba por la habitación: "Joaquín, que te estoy oyendo..."
Y Joaquín responde, afligido: "Ups, perdón, Señor"
< Enmo 4
Enmo 6 >
Graciela duerme. El reloj en la mesita de noche marca las 2:54 de la madrugada. Enmo está sentado al lado del reloj tecleando en su portátil, mientras Joaquín está sentado en la almohada de Graciela.
Joaquín pregunta: "¿Ya sabes a qué hora tienes el encargo?"
Enmo contesta: "Se colgó el ordenador. ¿Me puedes prestar el tuyo un momento para verlo?"
Escena 2:
Joaquín dice, mientras le da su portátil a Enmo: "No puedo negarme. Nuestro Código de Conducta exige que ayudemos a cualquiera que lo necesite. Incluso a los demonios."
Enmo coge el portátil, conecta una memoria USB y teclea por un rato. Luego dice: "Listo. Toca a las 2:58, dentro de dos minutos" y le devuelve el portátil a Joaquín.
Escena 3:
El reloj marca las 2:58 a.m. Enmo salta a la almohada de Graciela y susurra a su oído izquierdo: "Hay helado de turrón en la nevera". Graciela refunfuña en sueños.
Mientras tanto, Joaquín coloca su portátil cerca del oído derecho de Graciela y empieza a reproducir un fichero mp3 con una nana que le cantaba su madre a Graciela cuando era niña.
Escena 4:
Pero la música no suena. Joaquín se pone nervioso y sube el volumen del aparato. Ve que el archivo se está reproduciendo, pero no se escucha nada. Enmo insiste al oído de Graciela: "Tiene trocitos crocantes mezclados con el helado cremoso". Joaquín, desesperado, sube el volumen a tope, y de pronto empieza a retumbar por toda la habitación la música de los carros que venden helados.
Para cuando Joaquín quita el volumen otra vez, ya Graciela se ha despertado de un salto.
Escena 5:
Graciela está en la cocina comiendo helado directamente del bote. Enmo y Joaquín están sentados en la almohada, redactando sendos informes en sus portátiles. Joaquín dice: "Vaya jugarreta. Un día de estos me voy a saltar el Código."
Una voz retumba por la habitación: "Joaquín, que te estoy oyendo..."
Y Joaquín responde, afligido: "Ups, perdón, Señor"
< Enmo 4
Enmo 6 >
Bramido en la penumbra
Una hembra cántabra labra y siembra en la penumbra. De pronto, ve una sombra macabra y una zozobra vibra en sus vértebras y en su membrana cerebral.
¿Una cabra? ¿Una cebra? ¿Una cobra? ¿Una culebra brasileña?
Oye un bramido y casi se obra en las bragas. La labradora alumbra y ve un bravo bramador. Su voz se quiebra, no hay palabras. El tiempo no sobra, maniobra y huye sin nombrar go ni cobrar 200.
La labradora cruza el umbral sin dar un timbrazo. Se libra del bramador como por abracadabra.
Luego, en la alfombra de hebras de fibra, junto al brasero, come sobrantes de sobrasada y bebe ginebra para olvidar el bramido en la penumbra.
¿Una cabra? ¿Una cebra? ¿Una cobra? ¿Una culebra brasileña?
Oye un bramido y casi se obra en las bragas. La labradora alumbra y ve un bravo bramador. Su voz se quiebra, no hay palabras. El tiempo no sobra, maniobra y huye sin nombrar go ni cobrar 200.
La labradora cruza el umbral sin dar un timbrazo. Se libra del bramador como por abracadabra.
Luego, en la alfombra de hebras de fibra, junto al brasero, come sobrantes de sobrasada y bebe ginebra para olvidar el bramido en la penumbra.
España es Campeona del Mundo
España es el octavo campeón mundial de la historia. Marcó ocho goles para coronarse en Sudáfrica, que es el décimo sexto país (dos veces ocho) donde se ha celebrado un mundial. Su posición promedio en todos los mundiales es 8,8. Del Bosque es el seleccionador número 40 (cinco veces ocho). El apellido del capitán del equipo tiene ocho letras. Iniesta cometió ocho faltas, y el equipo recibió ocho tarjetas amarillas en el torneo. Ganaron la Eurocopa en el año 8, siendo esa su octava participación completa en dicho torneo. La anterior Eurocopa la obtuvieron el año 64 (8x8). Hasta el título de esta entrada tiene 24 letras (¡el ocho tres veces!)
No me extraña que un octópodo predijera su victoria.
___________________________________________
Con esto cerramos la temporada mundialista (y la quiniela que estuve organizando) y volvemos a la normalidad. Si es que esto se puede llamar normalidad, claro.
No me extraña que un octópodo predijera su victoria.
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Con esto cerramos la temporada mundialista (y la quiniela que estuve organizando) y volvemos a la normalidad. Si es que esto se puede llamar normalidad, claro.
Cerrado por vuvuzela
Tras una agotadoras vacaciones, ahora estoy disfrutando de unas merecidas -y descansadas- jornadas laborales.
Pero me puse a organizar una quiniela para el mundial de fútbol, y eso implica reportes diarios con los resultados de los partidos y los puntos obtenidos por los quinielistas. Y las burlas, claro, porque ¿de qué sirve una quiniela entre amigos si no te puedes burlar de los que van perdiendo?
El sistema que tenemos no es que sea muy justo, pero es divertido. Puedes verlo aquí. Y los reportes aquí. Recomiendo a todo el mundo que organice o participe en cosas así, aún si no saben de fútbol: se goza un montón.
Esa es la razón por la que he decidido posponer unas semanas más la reactivación de este blog.
Sin embargo, te dejo un texto calamburesco como adelanto de lo que viene:
- Es el cetáceo del apocalipsis.
- ¿Cómo es eso?
- Es el delfin del fin del mundo.
Nos vemos en pocas semanas.
Pero me puse a organizar una quiniela para el mundial de fútbol, y eso implica reportes diarios con los resultados de los partidos y los puntos obtenidos por los quinielistas. Y las burlas, claro, porque ¿de qué sirve una quiniela entre amigos si no te puedes burlar de los que van perdiendo?
El sistema que tenemos no es que sea muy justo, pero es divertido. Puedes verlo aquí. Y los reportes aquí. Recomiendo a todo el mundo que organice o participe en cosas así, aún si no saben de fútbol: se goza un montón.
Esa es la razón por la que he decidido posponer unas semanas más la reactivación de este blog.
Sin embargo, te dejo un texto calamburesco como adelanto de lo que viene:
- Es el cetáceo del apocalipsis.
- ¿Cómo es eso?
- Es el delfin del fin del mundo.
Nos vemos en pocas semanas.
Cerrado por vacaciones
¡Me voy de vacaciones por un mes!
Así que no habrá nuevas entradas en ese tiempo.
Mientras tanto, y para que no te aburras, puedes mirar algunas fotos de anuncios ingeniosos, leer buenos cómics en español o en inglés, reír con un periódico digital o con otro, encontrar cosas entretenidas, ver ilusiones y más ilusiones, elegir una entre más de 100 imágenes de un mono golpeando un dinosaurio, encontrar caras donde no las hay (¿o sí?), ver dibujos hechos a partir de frases, leer un artículo de la wikipedia (o dos), probar este juego solitario en java, descargar un gif animado paranoico, crear un mensaje con voz computarizada, escuchar una canción de los Amigos Invisibles o de Desorden Público o ver un video de una máquina de Rube Goldberg pero a lo bestia.
Es que el que tiene Internet y se aburre es porque quiere.
Nos vemos a mediados de junio.
Así que no habrá nuevas entradas en ese tiempo.
Mientras tanto, y para que no te aburras, puedes mirar algunas fotos de anuncios ingeniosos, leer buenos cómics en español o en inglés, reír con un periódico digital o con otro, encontrar cosas entretenidas, ver ilusiones y más ilusiones, elegir una entre más de 100 imágenes de un mono golpeando un dinosaurio, encontrar caras donde no las hay (¿o sí?), ver dibujos hechos a partir de frases, leer un artículo de la wikipedia (o dos), probar este juego solitario en java, descargar un gif animado paranoico, crear un mensaje con voz computarizada, escuchar una canción de los Amigos Invisibles o de Desorden Público o ver un video de una máquina de Rube Goldberg pero a lo bestia.
Es que el que tiene Internet y se aburre es porque quiere.
Nos vemos a mediados de junio.
La mentira perfecta
Aquel hombre necesitaba decir una mentira. Era una mentira muy importante, no podía permitir que nadie la descubriese. Se puso a trabajar entonces, decidido a elaborar una mentira sólida, creíble e impenetrable.
El trabajo se dividió en dos etapas. Los primeros días se concentró en el planteamiento central de la mentira. Pasó muchas horas dedicado a encontrar las palabras y el tono adecuados, a justificar las motivaciones de lo que iba a decir, a estructurar la idea de la forma más realista posible.
La segunda parte del trabajo consistió en encontrar los puntos débiles de la mentira y eliminarlos. Anticipó todas las preguntas que puedieran poner en peligro la credibilidad de lo contado, y preparó una respuesta cónsona con la mentira central para cada una de ellas. Después de esta primera capa de protección, el hombre reparó en que a su vez, estas respuestas podían generar otras preguntas, y que debían ser igualmente identificadas y sus respuestas preparadas. El hombre repitió este proceso hasta que cada ramificación alcanzó una verdad como respuesta. Él pensaba que ahí residiría la fortaleza de la mentira que estaba construyendo: unos cimientos de realidad.
Después de varias semanas de arduo trabajo, el hombre decidió que la mentira estaba terminada. Una gran mentira, bien planteada, entretejida en una red de pequeñas mentiras que servían para sostenerla, que a la vez se apoyaban en verdades.
¡Qué orgulloso estaba de su trabajo! Estaba seguro de que no hubo jamás una mentira mejor preparada. Cuando llegó el día en que tenía que decirla, el hombre no titubeó. Siguió exactamente cada uno de los pasos previstos, con la seguridad de quien ha ensayado algo muchas veces. Surgieron algunas preguntas, y todo el mundo creyó en las respuestas tan minuciosamente preparadas. El hombre había tenido éxito: había logrado engañar a mucha gente.
Y el éxito no solo se midió por la cantidad de gente que creyó en la mentira, sino por el tiempo que esta gente lo creyó. Pasaron muchos años, y la mentira seguía firme, sin ninguna fisura. El hombre estaba muy satisfecho, su duro trabajo había dado muy buenos frutos.
Llegó entonces el día en que el hombre sintió necesidad de reconocimiento. Se estaba haciendo viejo, y temía morir sin que nadie se enterara jamás de la calidad de su trabajo. Deseaba que la gente admirara su obra, que reconocieran su arte, que se extasiaran ante la perfección alcanzada.
Lo paradójico era que para lograrlo, tenía que destruir su creación.
Unos años antes habría sido incapaz de tal cosa, pero ahora entendía que tenía que hacerlo si quería pasar a la posteridad. Si no mataba a su mentira, ella viviría eternamente, pues nadie podría descubirla jamás. Pero si la mataba, sería él quien perduraría en la mente de las generaciones futuras, como el creador de la mentira perfecta.
Y así lo hizo. Un día contó la verdad. Fue desbaratando pieza a pieza la estructura que se había mantenido firme por tantos años. La mentira estaba tan bien arraigada, que fue muy difícil hacer que la gente dejara de creer en ella. Cuando finalmente todo el mundo aceptó que se trataba de una mentira, reconocieron de forma unánime que era la mejor mentira jamás gestada. Y, como era de esperarse, nadie creyó nunca más en la palabra de aquel hombre.
El hombre murió solo, varios años después, convencido de que mucha gente conocería su hazaña. Su nombre y la mentira perfecta se han olvidado, pero hoy al menos una persona más ha conocido la historia de aquel hombre que necesitaba decir una mentira.
El trabajo se dividió en dos etapas. Los primeros días se concentró en el planteamiento central de la mentira. Pasó muchas horas dedicado a encontrar las palabras y el tono adecuados, a justificar las motivaciones de lo que iba a decir, a estructurar la idea de la forma más realista posible.
La segunda parte del trabajo consistió en encontrar los puntos débiles de la mentira y eliminarlos. Anticipó todas las preguntas que puedieran poner en peligro la credibilidad de lo contado, y preparó una respuesta cónsona con la mentira central para cada una de ellas. Después de esta primera capa de protección, el hombre reparó en que a su vez, estas respuestas podían generar otras preguntas, y que debían ser igualmente identificadas y sus respuestas preparadas. El hombre repitió este proceso hasta que cada ramificación alcanzó una verdad como respuesta. Él pensaba que ahí residiría la fortaleza de la mentira que estaba construyendo: unos cimientos de realidad.
Después de varias semanas de arduo trabajo, el hombre decidió que la mentira estaba terminada. Una gran mentira, bien planteada, entretejida en una red de pequeñas mentiras que servían para sostenerla, que a la vez se apoyaban en verdades.
¡Qué orgulloso estaba de su trabajo! Estaba seguro de que no hubo jamás una mentira mejor preparada. Cuando llegó el día en que tenía que decirla, el hombre no titubeó. Siguió exactamente cada uno de los pasos previstos, con la seguridad de quien ha ensayado algo muchas veces. Surgieron algunas preguntas, y todo el mundo creyó en las respuestas tan minuciosamente preparadas. El hombre había tenido éxito: había logrado engañar a mucha gente.
Y el éxito no solo se midió por la cantidad de gente que creyó en la mentira, sino por el tiempo que esta gente lo creyó. Pasaron muchos años, y la mentira seguía firme, sin ninguna fisura. El hombre estaba muy satisfecho, su duro trabajo había dado muy buenos frutos.
Llegó entonces el día en que el hombre sintió necesidad de reconocimiento. Se estaba haciendo viejo, y temía morir sin que nadie se enterara jamás de la calidad de su trabajo. Deseaba que la gente admirara su obra, que reconocieran su arte, que se extasiaran ante la perfección alcanzada.
Lo paradójico era que para lograrlo, tenía que destruir su creación.
Unos años antes habría sido incapaz de tal cosa, pero ahora entendía que tenía que hacerlo si quería pasar a la posteridad. Si no mataba a su mentira, ella viviría eternamente, pues nadie podría descubirla jamás. Pero si la mataba, sería él quien perduraría en la mente de las generaciones futuras, como el creador de la mentira perfecta.
Y así lo hizo. Un día contó la verdad. Fue desbaratando pieza a pieza la estructura que se había mantenido firme por tantos años. La mentira estaba tan bien arraigada, que fue muy difícil hacer que la gente dejara de creer en ella. Cuando finalmente todo el mundo aceptó que se trataba de una mentira, reconocieron de forma unánime que era la mejor mentira jamás gestada. Y, como era de esperarse, nadie creyó nunca más en la palabra de aquel hombre.
El hombre murió solo, varios años después, convencido de que mucha gente conocería su hazaña. Su nombre y la mentira perfecta se han olvidado, pero hoy al menos una persona más ha conocido la historia de aquel hombre que necesitaba decir una mentira.
Enmo 4 - Caso fácil
Escena 1:
Graciela está frente a una porción de postre, mirándola con indecisión. En su hombro derecho está Joaquín, leyendo una larga lista de argumentos al oído de Graciela. Enmo está en el hombro izquierdo, con cara impasible. Por cada argumento que Joaquín esgrime, Enmo siempre dice lo mismo al oído de Graciela: "Pero es que está buenísimo".
Escena 2:
Joaquín insiste: "Ya te has comido una porción hoy. Es suficiente."
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín: "Te puedes comer esta porción mañana"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín: "Te sentirás culpable después"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, ya un poco alterado: "¡Tu dietista te va a regañar en la próxima consulta!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín desesperado: "¡¡Te sentirás triste si no te puedes abrochar el pantalón!!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, dándolo todo: "¡¡¡Recuerda cómo lloraste la última vez que te viste desnuda en el espejo!!!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, derrotado: "¡...uf!"
Escena 3:
Graciela se ha ido. Enmo y Joaquín redactan sendos informes en sus portátiles, sentados sobre la mesa. A su lado hay un plato con restos de crema y una cucharilla usada.
Joaquín, exhausto y un poco enojado, dice: "Lo tienes fácil cuando es tiramisú de fresa, ¿eh?"
< Enmo 3
Enmo 5 >
Graciela está frente a una porción de postre, mirándola con indecisión. En su hombro derecho está Joaquín, leyendo una larga lista de argumentos al oído de Graciela. Enmo está en el hombro izquierdo, con cara impasible. Por cada argumento que Joaquín esgrime, Enmo siempre dice lo mismo al oído de Graciela: "Pero es que está buenísimo".
Escena 2:
Joaquín insiste: "Ya te has comido una porción hoy. Es suficiente."
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín: "Te puedes comer esta porción mañana"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín: "Te sentirás culpable después"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, ya un poco alterado: "¡Tu dietista te va a regañar en la próxima consulta!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín desesperado: "¡¡Te sentirás triste si no te puedes abrochar el pantalón!!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, dándolo todo: "¡¡¡Recuerda cómo lloraste la última vez que te viste desnuda en el espejo!!!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, derrotado: "¡...uf!"
Escena 3:
Graciela se ha ido. Enmo y Joaquín redactan sendos informes en sus portátiles, sentados sobre la mesa. A su lado hay un plato con restos de crema y una cucharilla usada.
Joaquín, exhausto y un poco enojado, dice: "Lo tienes fácil cuando es tiramisú de fresa, ¿eh?"
< Enmo 3
Enmo 5 >
Antonio el antropólogo
Anteayer se le antojó a Antonio, un antropólogo de anteojos, que antiguamente hubo antepasados de antílopes antillanos en la Antártida. Ante tal cosa, unos antagonistas antipáticos pidieron a antropófagos de un antro cercano que usaran al antropólogo como antipasto. Estos fueron con antifaces y antorchas, pero Antonio se anticipó huyendo a las antípodas con su antolgía de antecedentes antes de que los antropófagos mordieran su antebrazo.
Enmo 3 - De blanco
Escena 1:
Enmo revisa su próxima asignación. Parte de ella dice:
Enmo no termina de leer las indicaciones. Por el código de la asignación, ya sabe lo que hay que hacer.
Escena 2:
Enmo está pintando algo con pintura blanca. Se escucha a Isabel durmiendo plácidamente.
Escena 3:
Isabel se ha despertado. Se está mirando al espejo y grita: "¡AAAARGGH, UNA CANAAA!"
< Enmo 2
Enmo 4 >
Enmo revisa su próxima asignación. Parte de ella dice:
Agente: Enmodio Número: 9165619
Asignación: F-PCAN-20100429/YV12101302
Nombre del objetivo: María Isabel Andrade Soria
Fecha de nacimiento: 24/11/1980 (29 años)
Lugar: Valencia, Venezuela
Situación: Preocupada porque se acerca a los treinta años.
Materiales necesarios: Pintura blanca. Brocha. Disolvente.
Indicaciones: Mientras el objetivo duerme, tomar la brocha y...
Enmo no termina de leer las indicaciones. Por el código de la asignación, ya sabe lo que hay que hacer.
Escena 2:
Enmo está pintando algo con pintura blanca. Se escucha a Isabel durmiendo plácidamente.
Escena 3:
Isabel se ha despertado. Se está mirando al espejo y grita: "¡AAAARGGH, UNA CANAAA!"
< Enmo 2
Enmo 4 >
Expresiones exactamente explicadas
ex. (De ex, prep. lat) 1. adj. Que fue y ha dejado de serlo.
(fuente: RAE)
Exaltar: mesa en la que ya no se celebran misas.
Examen: así era.
Exacto: una acción fuera de ídem.
Excitado: alguien que ya no tiene que ir a la reunión.
Expedido: solicitud cancelada.
Expiar: lo que hace un pollito muerto.
Expirado: persona ahora cuerda.
Exposición: sitio donde se estaba antes.
Expuesto: igual a la anterior.
Expreso: alguien que ya pagó su condena.
Expresión: lo que se obtiene cuando se deja de apretar o insistir.
Expulsado: tecla o teclado en la basura.
Extenso: ahora relajado.
Extractor: una máquina que ya no tira más del arado.
Externo: conjunto que ahora es de dos o de cuatro.
Extradición: costumbre perdida.
(Fuente: Elemento Emergente)
(fuente: RAE)
Exaltar: mesa en la que ya no se celebran misas.
Examen: así era.
Exacto: una acción fuera de ídem.
Excitado: alguien que ya no tiene que ir a la reunión.
Expedido: solicitud cancelada.
Expiar: lo que hace un pollito muerto.
Expirado: persona ahora cuerda.
Exposición: sitio donde se estaba antes.
Expuesto: igual a la anterior.
Expreso: alguien que ya pagó su condena.
Expresión: lo que se obtiene cuando se deja de apretar o insistir.
Expulsado: tecla o teclado en la basura.
Extenso: ahora relajado.
Extractor: una máquina que ya no tira más del arado.
Externo: conjunto que ahora es de dos o de cuatro.
Extradición: costumbre perdida.
(Fuente: Elemento Emergente)
Enmo 2 - Menores
Escena 1:
Enmo recibe el encargo de representar al jefe en una invocación. Al aparecer en el sitio, encuentra que los invocadores son un par de chicos de unos doce años. Enmo parece un empleado público que ha repetido la misma letanía muchas veces cuando dice: "Vengo aquí desde las profundidades del Infierno en representación del Señor de las Tinieblas. Habéis seguido el ritual de invocación con éxito. ¿Tenéis algún trato que ofrecer?"
Escena 2:
Los chicos se miran las caras, sorprendidos por el aspecto de la aparición: un demonio de unos doce centímetros de alto y de cara impasible que parece estar siguiendo una especie de protocolo aburrido.
Enmo pregunta: "¿Algún problema?"
Uno de los chicos contesta: "Es que esperábamos a alguien... ¿cómo decirlo?... a alguien un poco más..."
"¿Aterrador?" - interrumpe Enmo.
"Pues... sí, quizá"
Escena 3:
Enmo se convierte en un monstruo de pesadilla. Mide casi tres metros de altura, tiene la espalda muy ancha y los brazos largos, rematados por garras. Dos cuernos llenos de protuberancias irregulares asoman amenazantes de su frente, bajo los cuales brillan un par de ojos negros que parecen concentrar toda la maldad del mundo. La piel es un grueso cuero rojo oscuro, que cruje al moverse. La voz del demonio suena hueca y retumba haciendo vibrar el piso: "¿Así está bien?"
Los chicos están MUY asustados.
Escena 4:
Mientras se asienta el polvo que levantaron los chicos al salir corriendo a toda velocidad, Enmo ha recobrado su aspecto habitual y escribe el informe en su portátil, mientras piensa: "Siempre igual. Deberíamos exigir una edad mínima para pedir audiencia".
< Enmo 1
Enmo 3 >
Enmo recibe el encargo de representar al jefe en una invocación. Al aparecer en el sitio, encuentra que los invocadores son un par de chicos de unos doce años. Enmo parece un empleado público que ha repetido la misma letanía muchas veces cuando dice: "Vengo aquí desde las profundidades del Infierno en representación del Señor de las Tinieblas. Habéis seguido el ritual de invocación con éxito. ¿Tenéis algún trato que ofrecer?"
Escena 2:
Los chicos se miran las caras, sorprendidos por el aspecto de la aparición: un demonio de unos doce centímetros de alto y de cara impasible que parece estar siguiendo una especie de protocolo aburrido.
Enmo pregunta: "¿Algún problema?"
Uno de los chicos contesta: "Es que esperábamos a alguien... ¿cómo decirlo?... a alguien un poco más..."
"¿Aterrador?" - interrumpe Enmo.
"Pues... sí, quizá"
Escena 3:
Enmo se convierte en un monstruo de pesadilla. Mide casi tres metros de altura, tiene la espalda muy ancha y los brazos largos, rematados por garras. Dos cuernos llenos de protuberancias irregulares asoman amenazantes de su frente, bajo los cuales brillan un par de ojos negros que parecen concentrar toda la maldad del mundo. La piel es un grueso cuero rojo oscuro, que cruje al moverse. La voz del demonio suena hueca y retumba haciendo vibrar el piso: "¿Así está bien?"
Los chicos están MUY asustados.
Escena 4:
Mientras se asienta el polvo que levantaron los chicos al salir corriendo a toda velocidad, Enmo ha recobrado su aspecto habitual y escribe el informe en su portátil, mientras piensa: "Siempre igual. Deberíamos exigir una edad mínima para pedir audiencia".
< Enmo 1
Enmo 3 >
Hambre en la ambulancia
Dos ambidiestros ambulantes hambrientos ambicionaban hamburguesas en su ambulancia ámbar. El hambre de ambos ambulancieros ambientaba todo el ámbito con ambrosías, sin ambages ni ambigüedades.
Enmo 1 - La tarta
Escena 1:
Graciela mira con indecisión un trozo de tarta de chocolate. En su hombro derecho está Esteban. Se nota un poco alterado, mientras dice al oído de Graciela: "Tú eres más fuerte que la tentación. Piensa en lo bien que te sentirás contigo misma si ahora dices no"
Enmo está sentado tranquilamente en el hombro izquierdo de Graciela, mirándose las uñas.
Escena 2:
Mientras Esteban insiste en su discurso, Enmo se levanta, sin ninguna prisa, y susurra al oído izquierdo de Graciela: "Deliciosa tarta de chocolate, compuesta de varias capas de bizcocho avainillado de textura esponjosa y ligeramente húmeda. Entre las capas hay un relleno de crema merengada suiza, a base de nata, cacao y avellanas, de textura ligera y sedosa. Y todo está divinamente rematado por una cubierta de suave crema de vainilla decorada con hilos de chocolate amargo y caramelo crocante."
Graciela tiene los ojos muy abiertos mientras escucha, y se muerde el labio inferior.
Escena 3:
Graciela se ha ido. Enmo y Esteban redactan sendos informes en sus portátiles, sentados sobre la mesa. A su lado hay un plato con algunas migas de tarta de chocolate y una cucharilla usada.
Esteban dice: "Tú te has estado documentando con libros de repostería"
Enmo contesta: "Decidí variar el típico mañana empiezas la dieta"
Enmo 2 >
Graciela mira con indecisión un trozo de tarta de chocolate. En su hombro derecho está Esteban. Se nota un poco alterado, mientras dice al oído de Graciela: "Tú eres más fuerte que la tentación. Piensa en lo bien que te sentirás contigo misma si ahora dices no"
Enmo está sentado tranquilamente en el hombro izquierdo de Graciela, mirándose las uñas.
Escena 2:
Mientras Esteban insiste en su discurso, Enmo se levanta, sin ninguna prisa, y susurra al oído izquierdo de Graciela: "Deliciosa tarta de chocolate, compuesta de varias capas de bizcocho avainillado de textura esponjosa y ligeramente húmeda. Entre las capas hay un relleno de crema merengada suiza, a base de nata, cacao y avellanas, de textura ligera y sedosa. Y todo está divinamente rematado por una cubierta de suave crema de vainilla decorada con hilos de chocolate amargo y caramelo crocante."
Graciela tiene los ojos muy abiertos mientras escucha, y se muerde el labio inferior.
Escena 3:
Graciela se ha ido. Enmo y Esteban redactan sendos informes en sus portátiles, sentados sobre la mesa. A su lado hay un plato con algunas migas de tarta de chocolate y una cucharilla usada.
Esteban dice: "Tú te has estado documentando con libros de repostería"
Enmo contesta: "Decidí variar el típico mañana empiezas la dieta"
Enmo 2 >
El Investigador
El investigador miraba fijamente el artefacto que tenía enfrente. Escuchó un ruidito en la ventana y desvió la vista hacia allí un momento, para volver a posarla rápidamente en el objeto de su concentración.
En ese preciso momento descubrió la causa por la que el aparato no funcionaba según lo esperado, aún después de muchos años de investigación.
Lo arregló, y desde entonces hasta el día de su muerte, treinta y cinco años después, vivió cubierto de gloria por su revolucionario invento.
Lo que nadie supo nunca es que en todo ese tiempo, al investigador se le erizaba la piel y se le humedecían los ojos de la emoción al escuchar una abeja chocar contra un cristal.
En ese preciso momento descubrió la causa por la que el aparato no funcionaba según lo esperado, aún después de muchos años de investigación.
Lo arregló, y desde entonces hasta el día de su muerte, treinta y cinco años después, vivió cubierto de gloria por su revolucionario invento.
Lo que nadie supo nunca es que en todo ese tiempo, al investigador se le erizaba la piel y se le humedecían los ojos de la emoción al escuchar una abeja chocar contra un cristal.
La grano de maíz
Nunca me gustaron las palomitas de microondas. Lo siento como algo demasiado... impersonal. Por eso tenía yo una taza de granos de maíz en la mesa de la cocina, con la intención de preparar una ponchera al estilo antiguo y comerlas viendo una película.
Estaba en la sala, poniendo a punto el DVD, para poder empezar a ver la película apenas las palomitas estuvieran listas. No hay nada que odie más que empezar a comer palomitas antes de que empiece la película, y no hay nada que me guste más que las palomitas todavía calientes.
Cuando configuraba los subtítulos, llegó mi hija pequeña y me dijo:
- Papá, ven para que veas la grano de maíz en la mesa.
- No, hija, se dice el grano de maíz - la corregí.
- Ah - respondió. - Bueno, ven para que la veas.
Esta vez no la corregí, sólo la seguí hasta la cocina, donde me mostró con sonrisa orgullosa un gran círculo en medio de la mesa, hecho con los granos de maíz .
Estaba en la sala, poniendo a punto el DVD, para poder empezar a ver la película apenas las palomitas estuvieran listas. No hay nada que odie más que empezar a comer palomitas antes de que empiece la película, y no hay nada que me guste más que las palomitas todavía calientes.
Cuando configuraba los subtítulos, llegó mi hija pequeña y me dijo:
- Papá, ven para que veas la grano de maíz en la mesa.
- No, hija, se dice el grano de maíz - la corregí.
- Ah - respondió. - Bueno, ven para que la veas.
Esta vez no la corregí, sólo la seguí hasta la cocina, donde me mostró con sonrisa orgullosa un gran círculo en medio de la mesa, hecho con los granos de maíz .
Citas célebres
Todas escuchadas directamente de amigos o conocidos. No hay ninguna inventada.
"A mí me gusta mucho el cine, soy muy cinófogo"
"Este camino es muy intrínseco"
"Hija, ¿estás confortable sentada en esa silla?"
"Todo estuvo bien organizado, el protocólogo fue de maravilla"
"Lo reconocí por las fracciones de la cara"
"Yo no me meto en chaleco de once balas"
"Ella es muy delgada, toda una sifilítica"
"De mi viaje a Francia me encantó el Palacio de Versace"
"De mi viaje a París me encantó Nostra Damus"
"Mi película favorita de Pixar es Buscando a Memo"
"A mí me gusta mucho el cine, soy muy cinófogo"
"Este camino es muy intrínseco"
"Hija, ¿estás confortable sentada en esa silla?"
"Todo estuvo bien organizado, el protocólogo fue de maravilla"
"Lo reconocí por las fracciones de la cara"
"Yo no me meto en chaleco de once balas"
"Ella es muy delgada, toda una sifilítica"
"De mi viaje a Francia me encantó el Palacio de Versace"
"De mi viaje a París me encantó Nostra Damus"
"Mi película favorita de Pixar es Buscando a Memo"
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