Cerrado por vuvuzela

Tras una agotadoras vacaciones, ahora estoy disfrutando de unas merecidas -y descansadas- jornadas laborales.

Pero me puse a organizar una quiniela para el mundial de fútbol, y eso implica reportes diarios con los resultados de los partidos y los puntos obtenidos por los quinielistas. Y las burlas, claro, porque ¿de qué sirve una quiniela entre amigos si no te puedes burlar de los que van perdiendo?

El sistema que tenemos no es que sea muy justo, pero es divertido. Puedes verlo aquí. Y los reportes aquí. Recomiendo a todo el mundo que organice o participe en cosas así,  aún si no saben de fútbol: se goza un montón.

Esa es la razón por la que he decidido posponer unas semanas más la reactivación de este blog.

Sin embargo, te dejo un texto calamburesco como adelanto de lo que viene:

- Es el cetáceo del apocalipsis.
- ¿Cómo es eso?
- Es el delfin del fin del mundo.

Nos vemos en pocas semanas.

Cerrado por vacaciones

¡Me voy de vacaciones por un mes!

Así que no habrá nuevas entradas en ese tiempo.

Mientras tanto, y para que no te aburras, puedes mirar algunas fotos de anuncios ingeniosos, leer buenos cómics en español o en inglés, reír con un periódico digital o con otro, encontrar cosas entretenidas, ver ilusiones y más ilusiones, elegir una entre más de 100 imágenes de un mono golpeando un dinosaurio, encontrar caras donde no las hay (¿o sí?), ver dibujos hechos a partir de frases, leer un artículo de la wikipedia (o dos), probar este juego solitario en java, descargar un gif animado paranoico, crear un mensaje con voz computarizada, escuchar una canción de los Amigos Invisibles o de Desorden Público o ver un video de una máquina de Rube Goldberg pero a lo bestia.

Es que el que tiene Internet y se aburre es porque quiere.

Nos vemos a mediados de junio.

La mentira perfecta

Aquel hombre necesitaba decir una mentira. Era una mentira muy importante, no podía permitir que nadie la descubriese. Se puso a trabajar entonces, decidido a elaborar una mentira sólida, creíble e impenetrable.

El trabajo se dividió en dos etapas. Los primeros días se concentró en el planteamiento central de la mentira. Pasó muchas horas dedicado a encontrar las palabras y el tono adecuados, a justificar las motivaciones de lo que iba a decir, a estructurar la idea de la forma más realista posible.

La segunda parte del trabajo consistió en encontrar los puntos débiles de la mentira y eliminarlos. Anticipó todas las preguntas que puedieran poner en peligro la credibilidad de lo contado, y preparó una respuesta cónsona con la mentira central para cada una de ellas. Después de esta primera capa de protección, el hombre reparó en que a su vez, estas respuestas podían generar otras preguntas, y que debían ser igualmente identificadas y sus respuestas preparadas. El hombre repitió este proceso hasta que cada ramificación alcanzó una verdad como respuesta. Él pensaba que ahí residiría la fortaleza de la mentira que estaba construyendo: unos cimientos de realidad.

Después de varias semanas de arduo trabajo, el hombre decidió que la mentira estaba terminada. Una gran mentira, bien planteada, entretejida en una red de pequeñas mentiras que servían para sostenerla, que a la vez se apoyaban en verdades.

¡Qué orgulloso estaba de su trabajo! Estaba seguro de que no hubo jamás una mentira mejor preparada. Cuando llegó el día en que tenía que decirla, el hombre no titubeó. Siguió exactamente cada uno de los pasos previstos, con la seguridad de quien ha ensayado algo muchas veces. Surgieron algunas preguntas, y todo el mundo creyó en las respuestas tan minuciosamente preparadas. El hombre había tenido éxito: había logrado engañar a mucha gente.

Y el éxito no solo se midió por la cantidad de gente que creyó en la mentira, sino por el tiempo que esta gente lo creyó. Pasaron muchos años, y la mentira seguía firme, sin ninguna fisura. El hombre estaba muy satisfecho, su duro trabajo había dado muy buenos frutos.

Llegó entonces el día en que el hombre sintió necesidad de reconocimiento. Se estaba haciendo viejo, y temía morir sin que nadie se enterara jamás de la calidad de su trabajo. Deseaba que la gente admirara su obra, que reconocieran su arte, que se extasiaran ante la perfección alcanzada.

Lo paradójico era que para lograrlo, tenía que destruir su creación.

Unos años antes habría sido incapaz de tal cosa, pero ahora entendía que tenía que hacerlo si quería pasar a la posteridad. Si no mataba a su mentira, ella viviría eternamente, pues nadie podría descubirla jamás. Pero si la mataba, sería él quien perduraría en la mente de las generaciones futuras, como el creador de la mentira perfecta.

Y así lo hizo. Un día contó la verdad. Fue desbaratando pieza a pieza la estructura que se había mantenido firme por tantos años. La mentira estaba tan bien arraigada, que fue muy difícil hacer que la gente dejara de creer en ella. Cuando finalmente todo el mundo aceptó que se trataba de una mentira, reconocieron de forma unánime que era la mejor mentira jamás gestada. Y, como era de esperarse, nadie creyó nunca más en la palabra de aquel hombre.

El hombre murió solo, varios años después, convencido de que mucha gente conocería su hazaña. Su nombre y la mentira perfecta se han olvidado, pero hoy al menos una persona más ha conocido la historia de aquel hombre que necesitaba decir una mentira.

Enmo 4 - Caso fácil

Escena 1:
Graciela está frente a una porción de postre, mirándola con indecisión. En su hombro derecho está Joaquín, leyendo una larga lista de argumentos al oído de Graciela. Enmo está en el hombro izquierdo, con cara impasible. Por cada argumento que Joaquín esgrime, Enmo siempre dice lo mismo al oído de Graciela: "Pero es que está buenísimo".

Escena 2:
Joaquín insiste: "Ya te has comido una porción hoy. Es suficiente."
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín: "Te puedes comer esta porción mañana"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín: "Te sentirás culpable después"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, ya un poco alterado: "¡Tu dietista te va a regañar en la próxima consulta!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín desesperado: "¡¡Te sentirás triste si no te puedes abrochar el pantalón!!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, dándolo todo: "¡¡¡Recuerda cómo lloraste la última vez que te viste desnuda en el espejo!!!"
Enmo: "Pero es que está buenísimo"
Joaquín, derrotado: "¡...uf!"

Escena 3:
Graciela se ha ido. Enmo y Joaquín redactan sendos informes en sus portátiles, sentados sobre la mesa. A su lado hay un plato con restos de crema y una cucharilla usada.
Joaquín, exhausto y un poco enojado, dice: "Lo tienes fácil cuando es tiramisú de fresa, ¿eh?"

< Enmo 3
Enmo 5 >

Antonio el antropólogo

Anteayer se le antojó a Antonio, un antropólogo de anteojos, que antiguamente hubo antepasados de antílopes antillanos en la Antártida. Ante tal cosa, unos antagonistas antipáticos pidieron a antropófagos de un antro cercano que usaran al antropólogo como antipasto. Estos fueron con antifaces y antorchas, pero Antonio se anticipó huyendo a las antípodas con su antolgía de antecedentes antes de que los antropófagos mordieran su antebrazo.

Enmo 3 - De blanco

Escena 1:
Enmo revisa su próxima asignación. Parte de ella dice:

 Agente: Enmodio            Número: 9165619
 Asignación: F-PCAN-20100429/YV12101302
 Nombre del objetivo: María Isabel Andrade Soria
 Fecha de nacimiento: 24/11/1980 (29 años)
 Lugar: Valencia, Venezuela
 Situación: Preocupada porque se acerca a los treinta años.
 Materiales necesarios: Pintura blanca. Brocha. Disolvente.
 Indicaciones: Mientras el objetivo duerme, tomar la brocha y...

Enmo no termina de leer las indicaciones. Por el código de la asignación, ya sabe lo que hay que hacer.

Escena 2:
Enmo está pintando algo con pintura blanca. Se escucha a Isabel durmiendo plácidamente.

Escena 3:
Isabel se ha despertado. Se está mirando al espejo y grita: "¡AAAARGGH, UNA CANAAA!"

< Enmo 2
Enmo 4 >

Expresiones exactamente explicadas

ex. (De ex, prep. lat) 1. adj. Que fue y ha dejado de serlo.
(fuente: RAE)

Exaltar: mesa en la que ya no se celebran misas.
Examen: así era.
Exacto: una acción fuera de ídem.
Excitado: alguien que ya no tiene que ir a la reunión.
Expedido: solicitud cancelada.
Expiar: lo que hace un pollito muerto.
Expirado: persona ahora cuerda.
Exposición: sitio donde se estaba antes.
Expuesto: igual a la anterior.
Expreso: alguien que ya pagó su condena.
Expresión: lo que se obtiene cuando se deja de apretar o insistir.
Expulsado: tecla o teclado en la basura.
Extenso: ahora relajado.
Extractor: una máquina que ya no tira más del arado.
Externo: conjunto que ahora es de dos o de cuatro.
Extradición: costumbre perdida.
(Fuente: Elemento Emergente)

Enmo 2 - Menores

Escena 1:
Enmo recibe el encargo de representar al jefe en una invocación. Al aparecer en el sitio, encuentra que los invocadores son un par de chicos de unos doce años. Enmo parece un empleado público que ha repetido la misma letanía muchas veces cuando dice: "Vengo aquí desde las profundidades del Infierno en representación del Señor de las Tinieblas. Habéis seguido el ritual de invocación con éxito. ¿Tenéis algún trato que ofrecer?"

Escena 2:
Los chicos se miran las caras, sorprendidos por el aspecto de la aparición: un demonio de unos doce centímetros de alto y de cara impasible que parece estar siguiendo una especie de protocolo aburrido.
Enmo pregunta: "¿Algún problema?"
Uno de los chicos contesta: "Es que esperábamos a alguien... ¿cómo decirlo?... a alguien un poco más..."
"¿Aterrador?" - interrumpe Enmo.
"Pues... sí, quizá"

Escena 3:
Enmo se convierte en un monstruo de pesadilla. Mide casi tres metros de altura, tiene la espalda muy ancha y los brazos largos, rematados por garras. Dos cuernos llenos de protuberancias irregulares asoman amenazantes de su frente, bajo los cuales brillan un par de ojos negros que parecen concentrar toda la maldad del mundo. La piel es un grueso cuero rojo oscuro, que cruje al moverse. La voz del demonio suena hueca y retumba haciendo vibrar el piso: "¿Así está bien?"
Los chicos están MUY asustados.

Escena 4:
Mientras se asienta el polvo que levantaron los chicos al salir corriendo a toda velocidad, Enmo ha recobrado su aspecto habitual y escribe el informe en su portátil, mientras piensa: "Siempre igual. Deberíamos exigir una edad mínima para pedir audiencia".

< Enmo 1
Enmo 3 >

Hambre en la ambulancia

Dos ambidiestros ambulantes hambrientos ambicionaban hamburguesas en su ambulancia ámbar. El hambre de ambos ambulancieros ambientaba todo el ámbito con ambrosías, sin ambages ni ambigüedades.

Enmo 1 - La tarta

Escena 1:
Graciela mira con indecisión un trozo de tarta de chocolate. En su hombro derecho está Esteban. Se nota un poco alterado, mientras dice al oído de Graciela: "Tú eres más fuerte que la tentación. Piensa en lo bien que te sentirás contigo misma si ahora dices no"
Enmo está sentado tranquilamente en el hombro izquierdo de Graciela, mirándose las uñas.

Escena 2:
Mientras Esteban insiste en su discurso, Enmo se levanta, sin ninguna prisa, y susurra al oído izquierdo de Graciela: "Deliciosa tarta de chocolate, compuesta de varias capas de bizcocho avainillado de textura esponjosa y ligeramente húmeda. Entre las capas hay un relleno de crema merengada suiza, a base de nata, cacao y avellanas, de textura ligera y sedosa. Y todo está divinamente rematado por una cubierta de suave crema de vainilla decorada con hilos de chocolate amargo y caramelo crocante."
Graciela tiene los ojos muy abiertos mientras escucha, y se muerde el labio inferior.

Escena 3:
Graciela se ha ido. Enmo y Esteban redactan sendos informes en sus portátiles, sentados sobre la mesa. A su lado hay un plato con algunas migas de tarta de chocolate y una cucharilla usada.
Esteban dice: "Tú te has estado documentando con libros de repostería"
Enmo contesta: "Decidí variar el típico mañana empiezas la dieta"

Enmo 2 >

El Investigador

El investigador miraba fijamente el artefacto que tenía enfrente. Escuchó un ruidito en la ventana y desvió la vista hacia allí un momento, para volver a posarla rápidamente en el objeto de su concentración.
En ese preciso momento descubrió la causa por la que el aparato no funcionaba según lo esperado, aún después de muchos años de investigación.
Lo arregló, y desde entonces hasta el día de su muerte, treinta y cinco años después, vivió cubierto de gloria por su revolucionario invento.
Lo que nadie supo nunca es que en todo ese tiempo, al investigador se le erizaba la piel y se le humedecían los ojos de la emoción al escuchar una abeja chocar contra un cristal.

La grano de maíz

Nunca me gustaron las palomitas de microondas. Lo siento como algo demasiado... impersonal. Por eso tenía yo una taza de granos de maíz en la mesa de la cocina, con la intención de preparar una ponchera al estilo antiguo y comerlas viendo una película.
Estaba en la sala, poniendo a punto el DVD, para poder empezar a ver la película apenas las palomitas estuvieran listas. No hay nada que odie más que empezar a comer palomitas antes de que empiece la película, y no hay nada que me guste más que las palomitas todavía calientes.
Cuando configuraba los subtítulos, llegó mi hija pequeña y me dijo:
- Papá, ven para que veas la grano de maíz en la mesa.
- No, hija, se dice el grano de maíz - la corregí.
- Ah - respondió. - Bueno, ven para que la veas.
Esta vez no la corregí, sólo la seguí hasta la cocina, donde me mostró con sonrisa orgullosa un gran círculo en medio de la mesa, hecho con los granos de maíz .

Citas célebres

Todas escuchadas directamente de amigos o conocidos. No hay ninguna inventada.

"A mí me gusta mucho el cine, soy muy cinófogo"
"Este camino es muy intrínseco"
"Hija, ¿estás confortable sentada en esa silla?"
"Todo estuvo bien organizado, el protocólogo fue de maravilla"
"Lo reconocí por las fracciones de la cara"
"Yo no me meto en chaleco de once balas"
"Ella es muy delgada, toda una sifilítica"
"De mi viaje a Francia me encantó el Palacio de Versace"
"De mi viaje a París me encantó Nostra Damus"
"Mi película favorita de Pixar es Buscando a Memo"